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lunes, 22 de mayo de 2017

Bosques

El 30% de la superficie terrestre está cubierta por bosques y estos, además de proporcionar seguridad alimentaria y refugio, son fundamentales para combatir el cambio climático, pues protegen la diversidad biológica y las viviendas de la población indígena. Según la Organización Mundial para la Agricultura y la Alimentación (FAO), cada año desaparecen 13 millones de hectáreas de bosque y la degradación persistente de las zonas áridas ha provocado la desertización de 3.600 millones de hectáreas.

La deforestación y la desertización –provocadas por las actividades humanas y el cambio climático– suponen grandes retos para el desarrollo sostenible y han afectado a las vidas y los medios de vida de millones de personas en la lucha contra la pobreza. Se están poniendo en marcha medidas destinadas a la gestión forestal y la lucha contra la desertización pero…. llegaremos a tiempo?.



Hace ocho mil años, grandes extensiones de bosque primario cubrían casi la mitad de la superficie terrestre del planeta. Hoy sólo queda una quinta parte del bosque original intacto, el resto ha sido destruido, degradado o fragmentado por una actividad humana implacable. Las amenazas que se ciernen sobre los bosques primarios tienen distintas causas que afectan de manera diferente a los tipos de bosques y regiones del mundo y varían también con el estado de desarrollo socioeconómico de los países.

Las amenazas son tan graves que estamos perdiendo bosques a un ritmo equivalente a 48 campos de fútbol por minuto. El Amazonas, la selva tropical más grande del planeta, perdió por lo menos el 17 por ciento de su cubierta forestal en el último medio siglo debido a la actividad humana, principalmente la limpieza de árboles para crear granjas y ranchos nuevos o más grandes.


LA DIVERSIDAD DE LA NATURALEZA

Evolucionando a lo largo de milenios, los bosques tropicales son uno de los mayores almacenes de la diversidad de la naturaleza en la Tierra; el mundo de todas las especies de la tierra, alrededor de dos tercios viven en los bosques. Muchas de estas raras criaturas -los orangutanes, tigres, jaguares, el bosque, los elefantes y los rinocerontes están cada vez más amenazadas por la extinción.

viernes, 28 de abril de 2017

El Ártico

El mar, el hielo y la tundra suponen un rico hábitat para especies como el oso polar, el zorro ártico, el reno o la morsa, además de numerosas especies de focas, ballenas, aves y peces.

El cambio climático es una de las amenazas más importantes para sus habitantes. A medida que las temperaturas ascienden, el hielo marino desaparece y especies como el oso polar o la morsa son incapaces de encontrar focas para cazar y alimentarse.

La explotación de gas y petróleo, cuyo mayor ejemplo se encuentra en el norte de Alaska, constituye otra de las grandes amenazas para la región. A medida que se agotan las reservas mundiales de estos combustibles fósiles, el Ártico recibe cada vez más presión.


Salinidad de los océanos.- El descenso de la salinidad de los océanos debido al debilitamiento de la capa de hielo del Ártico (como la placa de hielo de Groenlandia) y/o al aumento de las precipitaciones, podría detener, ralentizar o cambiar el rumbo de la circulación oceánica. Este tipo de cambios traerá consigo graves consecuencias, incidiendo en las corrientes marinas (como la corriente del Golfo) y en las temperaturas del planeta.

Mar Báltico.- El desarrollo de infraestructuras de transporte en la región del Báltico, el transporte activo de petróleo y sus derivados, el nivel de crecimiento del consumo, todo esto aumenta en gran medida la amenaza de la destrucción de los complejos naturales del Mar Báltico. La reducción de esta amenaza sólo es posible si hay posiciones fuertes y consolidadas y la acción conjunta de todas las organizaciones ambientales en la región. 

Otros problemas acosas a los océanos.- El calentamiento global puede modificar las condiciones ecológicas en las que se desenvuelven las poblaciones, lo cual generaría cambios difícilmente predecibles en la actualidad. La contaminación por sustancias tóxicas se acumula en los tejidos grasos de las especies que están más arriba en la cadena trófica: peces predadores, y mamíferos marinos. Las basuras y plásticos flotantes abundan cada vez más, y son ingeridos involuntariamente por los seres marinos. Las poblaciones costeras crecen, y con ellas la urbanización del litoral y los vertidos al mar de residuos urbanos. 

viernes, 21 de abril de 2017

El Efecto Invernadero y el Cambio Climático

El Efecto Invernadero
Es un fenómeno natural que se ha desarrollado en nuestro planeta y evita que una parte del calor del sol recibido por la tierra deje la atmósfera y vuelva al espacio, produciendo un efecto similar al observado en un invernadero.
El principal culpable del aumento de gases de efecto invernadero en la atmósfera es el proceso de industrialización iniciado hace siglo y medio y, en particular, la combustión de petróleo, carbón y gas para producir energía, la tala de bosques y algunos métodos de explotación agrícola. Estas actividades han aumentado enormemente el volumen de "gases de efecto invernadero" de forma muy rápida en la atmósfera, sobre todo de dióxido de carbono, metano y óxido nitroso que en la atmósfera producen el mismo efecto que las cubiertas de vidrio de los invernaderos.




Cambio Climático
Las personas viven en su propia piel las consecuencias del cambio climático, que incluyen cambios en los patrones climáticos, el aumento del nivel del mar y los fenómenos meteorológicos más extremos. Las emisiones de gases de efecto invernadero causadas por las actividades humanas hacen que esta amenaza aumente. De hecho, las emisiones nunca habían sido tan altas. Si no actuamos, la temperatura media de la superficie del mundo podría aumentar unos 3 grados centígrados este siglo y en algunas zonas del planeta podría ser todavía peor. Las personas más pobres y vulnerables serán los más perjudicados.


El mundo está cambiando. La crisis económica, ambiental y social son diferentes manifestaciones de un modelo de desarrollo insostenible basado en los principios de explotación de los recursos para extraer el máximo beneficio en el menor tiempo posible, sin considerar el impacto que esto genera en los ecosistemas y las poblaciones.

El cambio climático es solo la punta del iceberg de este modelo insostenible. Hace más de 20 años, los científicos comenzaron a alertar del aumento de la temperatura media global y su impacto en el complejo sistema climático.



El año 2016 ha sido el más caluroso a nivel planetario desde que se tienen registros (1880), según el último informe de la NASA, y el pasado mes de diciembre ha sido el más cálido de los últimos 136 años. En el caso del deshielo, durante el mes de enero de 2016 la extensión de hielo en el Ártico ha sido la mínima que se ha alcanzado durante un mes de enero desde que se tienen registros.


Hoy en día lo más preocupante es lo que aún no sabemos del cambio climático, porque la humanidad no puede prepararse para lo que no puede prever. Las repercusiones observadas incluso de pequeños cambios, en muchos ecosistemas, indican lo delicado que es el equilibro de la naturaleza.
Los científicos hablan de «puntos de inflexión», en los que un cambio gradual entra de repente en una espiral autoimpulsada. Y en ese contexto surgen las cuestiones siguientes:
¿Cuánto metano hay atrapado en el permafrost que se está descongelando y en los fondos de los océanos que se están calentando?
Y, si se libera parte de ese metano o todo, ¿qué efecto tendrá en la temperatura y el clima mundial?
Si la cubierta de hielo que hay en los polos sigue encogiéndose, y como consecuencia disminuye la superficie blanca brillante y aumenta la superficie marina oscura, ¿cuánto calor solar más atrapará la superficie oscura y cuánto calor menos podrán reflejar las capas de hielo glaciares de vuelta al espacio?
Puesto que la masa marina se expande al calentarse, ¿cuánto subirá el nivel del mar como consecuencia de ese fenómeno?

Vivimos un momento histórico y lo estamos escribiendo entre todos. El cambio es posible y empieza en cada uno de nosotros: como decía Gandhi “Sé el cambio que quieres ver en el mundo”. Si cada persona empieza a dar pasos para utilizar la energía de forma más responsable (en la iluminación, climatización y transporte), para alimentarse de forma más sostenible (disminuyendo el consumo de carne y apoyando la producción ecológica y local); si nos comportamos como ciudadanos comprometidos que adoptamos una actitud participativa en las decisiones que nos conciernen y nos organizamos para hacer oír nuestra voz e influir en las instituciones con nuestro voto… seremos parte de ese cambio que queremos ver en el mundo.